Era 2004. Acababa de ser cesado por el MINVU y me vi forzado a buscar nuevos horizontes laborales. La única oportunidad era una agencia habitacional ubicada en la Novena región, con sede en Villarrica, perteneciente a Empresas local de la región del Bío-Bío, propiedad de un empresario local, ortodoxo, y sobre quien se han forjado infinitos mitos de toda índoleNo detallaré como fue que terminé trabajando cercano a este empresario. De personalidad obsesiva y desconfiada hasta el tuétano, se dieron miles de aventuras laborales y anécdotas. Para relatar basta la primera vez que me cito a Concepcion estando yo en Villarrica: estalla una conflicto en la ciudad de Villarrica (nada es al azar: por razones médicas, antes los dos by pass que tiene el hombre, este rmpresario se vio forzado a cambiar residencia desde Concepción a una lugar que le permitiera, entre otras, descansar en familia y disfrutar de sus hobbies y pasiones extra laborales, en este caso, los caballos. Localidad elegida: Villarrica), raudo informo, y almuerzo que es interrumpido por llamada de un gerente de Conce “quieren que viajes a reportar directamente acá”. Ni emoción ni nada, si exceso de curiosidad por tanto mito tejido acerca de la personalidad del hombre. Mi llegada a la hora citada (18:00 horas) y la hora en que me recibió (1 de la mañana) bastó para sacar el molde de este personaje.

Estando en Villarrica, y buscando un teléfono de alguien de las oficinas de Conce, un nombre me llamó la atención de dicha agenda telefónica: Miguel Krassnoff. No deben ser muchos los Krassnoff, pensé. Será un hijo o pariente del famoso torturador de la DINA. El Gerente Comercial de la época, me precisa que no. Que es él, el famosísimo y connotado torturador.
A pesar de su cargo cercano al Directorio de Krassnoff (secretario ejecutivo) y al mío, cercano al dueño de la empresa, no cruzamos ni palabra ni correspondencia electrónica de ningún tipo.
Tras estos eventos dividía mi tiempo entre Conce y Villarrica, siempre con reuniones de temas urgentes y que, dada las siempre aprensiones y desconfianzas del empresario, en extremo estresantes y hasta altas horas de la noche.
En una de esas esperas para una enésima reunión, y para mitigar la latosa espera, bien entrada la noche salgo con un cigarro a los patios de la oficina…en eso sale el hombrón, flaco, ojos claros, mirada firme, correctamente peinado. Igual se ve gastado. No parece un mal tipo. Puede ser un buen padre, cariñoso esposo o buen amigo de cualquier vecino. Me pide fuego. Tiene claro quién soy, conversa. Me señala su temor al estado de salud del empresario, que a este ritmo y con 2 by pass no le de el cuero “eso queda para uno, que tiene formación…” militar pensé a mí, y me tira la frase clave.. “Formación de soldado”.

Mas que explicar o justificar sus atrocidades, hay consecuencia en su discurso y en su defensa. Inocente no es. Es un criminal, torturador y bien pagada las penas que tiene, si es que los 144 años de cárcel no le quedan cortos. El tema es que él cree efectivamente que lo obrado se debió a una causa mayor o un bien superior. La Patria. El estado lo formó y “educó” para ello. Si bien su anticomunismo es herencia de la persecución sufrida por su familia, el resto de de deshumanización y odio contra todo aquel que atente contra la patria es parte de lo que aprendió en la escuela Militar, y las atrocidades, torturas, y crímenes de lesa humanidad se las fomentaron en la Escuela de las Américas de Panamá, todo financiado por Estado.
Es culpable de los crímenes y tortura, pero inocente de ser asesino y torturador.




